¿Cómo ha de ser el futuro de la educación?

¿Somos realmente diferentes o es un espejismo que nos uniforma de otra manera?

VALORES

¿La educación favorecerá la igualdad de oportunidades y la equidad o, por el contrario, será
un factor de selección marginación-exclusión? Éste es el primer reto del próximo siglo. Se trata de responder a la pregunta: ¿Seremos capaces de respetar la diversidad?

Es imprescindible considerar, en primer lugar, que cada uno de nosotros es una persona
única; es decir, todos somos diferentes, diversos en nuestro propio entorno, sea éste cual sea.
Probablemente lo que marca, en última instancia, la idiosincracia de la diferencia es el modo como las personas establecen relaciones con su contexto próximo, vivido de una manera global. Por tanto, asumir la diversidad supone reconocer el derecho a la diferencia como un enriquecimiento educativo y social.
El término “normalidad” refleja la cualidad de una situación en la “que se sigue la norma”, y
quizás esta diversidad habría que buscarla en las distintas “normas” que cada cual lleva a cabo según su propia idiosincracia. Por tanto, diversidad también es sinónimo de pluralismo compartido.
Pero la “norma” escolar es evidente que no fue pensada y desarrollada para acoger la
diversidad de individuos, sino para la integración pasiva, para la uniformización. Por tanto,
reflexionar sobre la educación para el futuro puede suponer el planteamiento de modificaciones significativas de la institución educativa y de las relaciones que en ella se producen. En fin, habrá que plantearse con seriedad el restructurar el proceso educativo institucionalizado.
Una posible trampa a la diversidad es que se introduzca únicamente a través de la transmisión de los contenidos en las aulas de las instituciones educativas como un simple refuerzo informativo, integrado en la metodología didáctica, pero como un saber hueco, no integrado ni aplicado. Hay que ir mucho más lejos; es necesario introducir la diversidad en las estructuras de la organización y revisar a fondo la organización interna de las instituciones educativas. En éstas, la diversidad no se puede entender como una simple actuación que facilita el aprendizaje del alumnado con ritmos madurativos diferentes; no es sólo incorporar las herramientas educativas adecuadas a cada realidad académica individual; la atención a la diversidad se ha de entender com la aceptación de realidades plurales, como una ideología, como una forma de ver la realidad social defendiendo
ideales democráticos y de justicia social.
Para el futuro inmediato, debemos reconceptualizar, o poner en cuarentena, lo que ha
permanecido inamovible, con pequeños cambios formales, desde hace más de un siglo: nos
referimos, por ejemplo, a la organización de la institución en aulas como celdas; a los horarios rígidos; a las agrupaciones de los alumnos por edades; a la organización espacial del aula; al sistema de tutorías; a los sistemas de comunicación; a la adecuación a la realidad laboral y familiar; al mobiliario; a la distribución de tiempos y espacios… Integrar la diversidad es favorecer la convivencia de realidades plurales, de necesidades diferentes, que enriquezcan la dinámica del aula y de la institución.

Fantástico articulo de Francisco Imbernón

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